Prem Rawat - Hombre De Paz

 

 

ESSAYS INDEX

 

  • Maharaji en Corleone, Italia
    3 de Julio del 2008 — por Jule Kowarsky
  • Una historia de Taiwán
  • En la calle, entre la multitud, observaba los rostros de cada una de las personas tratando de encontrar alguno que me sea familiar. A quien buscaba era a un mejor amigo, a un hermano o hermana, y debía encontrarlo. Desde el amanecer hasta el anochecer, de primavera a otoño, las cosas fueron cambiando, pero nunca olvidé mi búsqueda.

    Cuando me casé con mi esposo, éramos tan parecidos que todos decían: “Ése es el que estabas buscando”. Pero mi corazón continuaba buscando. Cuando mi nena nació, la miré y pensé que ella era la persona más amada, aquella que había estado buscando. Estaba emocionada, pero mi corazón aún seguía buscando.

    Así fue hasta que una persona llegó a mi vida, me dio un precioso regalo y me dijo: “Lo que estás buscando está dentro de ti”. Entonces me moví a otro campo. Ahora puedo descansar. No necesito buscar más. Mirando en retrospectiva, lo que estaba buscando encontrar ¡era a mí misma!

    Juichin Lin, Taiwán

  • Desde Israel
    10 de abril de 2008
  • El evento público de Israel fue extraordinario. Maharaji fue como una tormenta tan poderosa que nadie se movió. Cuando terminó, la gente permaneció en sus asientos por mucho tiempo. Algunos de mis invitados vinieron y me preguntaron: “¿Eso es todo?”

    Mi padre estuvo ahí. Él siempre ha sido escéptico. Antes del evento, me dijo: “¿Por qué no escribe un libro? No tendría que estar repitiendo lo mismo y no tendría que estar viajando por todo el mundo”. Pero, después del evento, él no salió. Mi madre le dijo: “¿Nos vamos?”. Mi hermano le dijo: “Vamos ya”. Pero mi padre simplemente permaneció ahí, hasta que casi todos se hubieron ido.

    En el vestíbulo, me dijo: “Qué gente tan maravillosa. Puedes verlos tan en paz y disfrutando la vida”. Un amigo me dijo: “¡Fue tan poderoso! Cuando él habla, tú vuelas”.

    Al día siguiente, hubo un evento en el parque. Podía ver el parque desde la ventana del apartamento de mis padres, y no podía esperar más. Mi corazón latía.

    Era la primera vez que me veía tan involucrada en un evento, y vi que él no seguía ningún plan o agenda. Él seguía sus sentimientos, y las cosas cambiaron en el último momento. Yo era el maestro de ceremonias. Él me preguntó si estaba nerviosa por eso, y le hice una mueca divertida. Él me dijo que es sólo un concepto el que sea necesario un maestro de ceremonias y que, usualmente, el maestro de ceremonias está tan nervioso que no disfruta del evento. Así que, a pocas horas del segundo evento, me filmaron haciendo los anuncios.

    Me sentía un poco avergonzada de ver mi cara en la gran pantalla, pero fue mejor que tener que hacerlo sobre el escenario. Pude hablar y conversar con él. Hizo que me sintiera muy cómoda. Él luce tan sereno, equilibrado y auténtico. Sólo conversar con él fue una experiencia enriquecedora. Me encanta estar enfocada y, cuando recuerdo este encuentro, trato de estarlo – y, créanme, lo recuerdo mucho. Él me dio tanto, tanto.

    En estos eventos, Maharaji reavivó la pasión por la vida y por la paz.

    (de Michali en Tel Aviv)

 

 

 

 

  • Esperando por Maharaji — por Mitch Ditkoff

  • Feliz por ninguna razón --- por Mitch Ditkoff


    A los 21 años, estuve a cinco segundos de ahogarme en el océano Atlántico. Cuando me sumergí por tercera vez, miré a la orilla y me di cuenta que éste - mi último momento - era el momento más lúcido de mi vida. Todo lo demás era una historieta. Falsa. Irreal.

    Maharaji - Prem RawatEn ese momento, la única cosa cierta es que yo quería vivir. Y, en el que creí mi último momento, algo extraordinario ocurrió – más allá de mi agotamiento - y me llevó a la orilla. Me movió.., me empujó.., hasta que finalmente – ya estaba completamente sin respiración - pude pisar tierra. Y, cuando lo hice, caí de rodillas en la arena y la besé.

    Y entonces lloré, cantando cualquier canción infantil que pude recordar. En ese momento de pura exaltación, estaba totalmente vacío y lleno al mismo tiempo. Saturado de gracia. Completo. Sin necesitar nada. Sin filosofía, sin religión, sin camino, sin política, sin futuro ni pasado. Sólo la simple dicha de estar vivo.

    Cuando pienso en Maharaji y lo que me ha mostrado, siento lo mismo. De un modo simple y amoroso, él me conectó, no sólo a la voluntad de vivir, sino también a la fuerza primaria que me mueve – la que me salvó hace tantos años, cuando no tenía más fuerzas. Como mi maestro, él me ha enseñado muchas cosas – y todas sin un libro. Cómo ser quien yo soy. El valor inapreciable de la vida humana. Cómo estar en el presente. Lo que significa realmente apreciar. Y cómo ser un estudiante.

    Como su estudiante, finalmente he aprendido que no importa lo que sé sino quién soy. O, más correctamente, qué soy. Es lo que los poetas ruegan por sentir de manera que, por fin, tengan algo que realmente valga la pena escribir. Cuando lo siento - y lo hago a menudo- soy feliz por absolutamente ninguna razón. Feliz como alguien en vacaciones permanentes. Completamente vivo. Libre. Contento de una forma en que no se requiere hacer nada para comprobarlo.

    Hablo de amor incondicional, amigos. El gran tema. Sin ataduras. Estacionamiento propio y gratis. Un día de nieve inesperado para el niño que hay en ti. El primer beso. Segunda oportunidad. Llegando, y al mismo tiempo estando ahí. Más diversión que nunca aunque nada esté pasando. La paz que sobrepasa toda comprensión – aunque te falle el disco duro.

    ¿Quién es Maharaji? Eso es algo que puedes determinar por ti mismo. Todo lo que sé es esto: Cuando estoy con él, nunca quiero irme. Y, cuando lo hago, mi vida comienza otra vez – lo que fui hasta ese momento queda atrás, como una especie de segunda piel. Refrescado, renovado, reanimado una vez más. Vuelvo a lo que llamo “mi vida” y me siento asombrado. Con gran respeto a tu modo personal de ser y a todos los esfuerzos que haces por ser libre.